ARCHIVO POÉTICO

En un resto

Estamos en un resto, tú sentada a mi lado, y huelo ese perfume celestial que de tu cuello de nácar puedo apreciar. Yo aguanto mi deseo de hacer algún malabar que me permita rozar tu piel, o de inventar algo para jugar mientras esperamos la carta del resto bar. Siento que el pecho me estalla de tantas palabras que quisiera decir sin verte ir. Callo mientras clavo mi mirada en tus pupilas aceitunadas, mediterráneas. Un ola caliente se presta para tomar a colación aquello que por ti siento, mientras preparo un discurso banal que te haga reír, parecer normal. Mas yo quiero beber cada gota que mojan tus labios, de tu jardín del Edén, naufragando adentro tuyo, hasta que acabes de jadear de placer. Y es que te deseo, y quiero… te quiero, eso. Sigue la charla en temas banales, y quiero tomar tu mano en la mía. Siento cómo me enrojezco, de cómo me pongo tenso, y del dolor en el pecho. Respiro hondo, y te miento al decir que estoy bien, mentirte al no decir que miles de emociones recorren como olas mi cuerpo. Acaba la cena, y es hora de irnos. Me muero por decir que te quiero llevar a donde podamos unirnos, pero la vergüenza y el decoro me ganan, y hasta tu puerta te acompaño, y me despido con un ligero beso en tu mejilla, beso que a miel sabe, beso que dejo ahí en tu piel. Y tú no tienes idea de que te pienso como si fueses mía, y tú allá, en tú recamara, sin saber lo que yo siento, que cada fibra mía anhela ese aliento que transpiras. Y tú allá, sin saber todo aquello que me haces sentir. Me haces hervir la sangre, sintiendo mi pecho como si de una fogata se tratase. Y recuerdo ese respiro que hice de tu boca de ese olor a café, que tu última bebida fue.
Publicado originalmente el 24 de febrero de 2025.
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