ARCHIVO POÉTICO

La ansiedad.

Quiero ser normal como los niños que en el parque juegan. Quiero poder llorar sin tener miedo a la vergüenza. Y quiero sanarme de esta ansiedad que me desespera. Es fuerte como el cabernet sauvageon, y amarga como la cerveza. El lid entre el espejismo de la muerte y respirar el éter. Respirar para vivir, despacio sino desesperas. Sentir las piernas adormecidas y las manos que tiemblan. El hormigueo comprime el pecho, mientras solicitas una mano que te sostenga. Querer paz y convencer al cuerpo que volverá a la normalidad. Querer huir de la pesadumbre que supone batallar contra uno mismo sin tener armada la defensa. Te agarra la ansiedad de imprevisto, te embriaga con su pesado vino y su cerveza. Corres, buscas ayuda, lloras, tiemblas. Un tsunami de emociones inundan la paz que anhelas. En los momentos de alegría el corazón se excita. Yo quiero sentir esa excitación sin pensar, ¿por qué lates más rápido corazón mío? Sentir pánico ante cualquier banal circunstancia. Combatir contra los designios de la mente es un arduo trabajo, per necesario. Imaginad un escalofrío con punzadas en el pecho, la mirada perdida en mareos, y en el estómago un nudo que aprieta. Es temporal, pero en esos cortos minutos, consume el cuerpo entero, matándote de poco en poco. Imaginad tener una hoguera calentando el pecho, y como la lava del volcán al estallar, va carcomiendo tu cuerpo hasta el final. Eso es ansiedad.
Publicado originalmente el 5 de abril de 2015.
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