ARCHIVO POÉTICO

Una noche de invierno

La noche es fría, me envuelve en su velo, y siento. Recuerdo… Recuerdo sus manos de fino alabastro acariciando las teclas de un piano, su talle, una escultura griega, como si el mismo Fidias la hubiese tallado. Su cintura me recuerda al de una guitarra que siempre quise sus cuerdas amaestrar, su cabello a la lava de un volcán a punto de erupcionar, y sus ojos… y en sus ojos veo su alma, y mi corazón al sentirla siente paz, calma. Tuvo que llegar la noche, envolverme en su manto, que al ver el cielo estrellado sólo quiero sentir su piel en un abrazo. Y escribo, escribo para no verme sumiso en melancolía mientras echo de menos su perfume de tierra brumosa del amanecer en el campo. ———————————————————— Te quiero, por no decir más, por no hacer mi lengua temblar. El fuego en mí todos los días se repite y no quiere cesar. Me siento arrugado y con vergüenza de escribir estos versos, ¿te imaginas cómo temblaría o balbucearía de decirte frente a frente las palabras que desean tu alma tocar? Llegaste a mi vida como el rocío a las rosas, como la gota de agua que en un pétalo reposa. Tanta calma, paz y música en una sola. Gracias, gracias, y mil gracias más. ——————————————————— Frente a frente, sentados, veo perdida tu mirada en los alrededores, y yo quiero balbucear palabras de afecto, de amor. Mas no quiero incomodar, me armo de valor y reprimo todo en mi corazón. Te pienso tanto que las noches se me hacen eternas, pues pienso en tu blanco rostro, labios rojos, muslos nacarados, colinas de alabastro. Te quiero envuelta en un abrazo. Y dejo estos versos para colgarlos, para ser leídos, y para lo que más quiero, para que sean amados.
Publicado originalmente el 1 de septiembre de 2026.
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